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» » Balada triste para cuicos (o La mala suerte de tener un apellido poderoso)



Hace 100 años tener un apellido extranjero era sensación de poder; hace 50 años indicaba que algún pariente fue poderoso, algún abuelo terrateniente, y eso indicaba que, por sucesión, quizá tú también lo eras; hace 40 años un buen apellido servía para conseguir mejores créditos y hasta podía salvarte de la cárcel (o la muerte incluso); y hace 20 o 10 años un apellido pituco seguía siendo sinónimo de estátus y de bienestar sanguíneo, por lo que todos los descendientes de algún inmigrante europeo siempre hacían notar mucho que “sus abuelos llegaron de afuera” y que “no eran mapuches”. Así la magia de los apellidos ha sido siempre un tema importante para la “raza chilena” porque no es lo mismo para la abuela que uno presente un pololo o una polola de apellido Curipán que de apellido Mackenna. Lamentablemente hoy para los pitucos y para los fruncidos la vida no es tan sencilla, porque luego de que el país entero se enterara que los delincuentes no se llaman todos Soto, Gonzáles, Martínez o Pérez, el escenario ha cambiado bastante para los que tenían un apellido “exclusivo”. De este modo ahora ser Juanito Karadima, Jennifer Matte, Cupertino Luksic o Pedro Angelini puede ser más un estigma que un beneficio. A mí al menos me alegra que no haya ningun diputado o un párroco bueno para manosear menores de edad o un gerente de Banco con apellido Ledezma. Pero vamos por partes.

Mamá: Yo no quiero ser mapuche

En los años 80’s era feo tener un apellido mapuche. A la gente se la miraba por encima del hombro y se la trataba como mano de obra por el simple hecho de tener ascendencia de cualquier pueblo originario. Convengamos en que Chile es un país que está lleno de inmigrantes (muchos de ellos ladronzuelos en sus países de origen que terminaron amasando fortunas gracias a comprar o robar terreno a los mismos mapuche que luego obligaron a odiar). Algunos de estos inmigrantes desarrollaron y potenciaron la idea de que venir de afuera era más elegante y entonces cualquier chileno que tuviera un apellido europeo se colgaba de no llamarse Gómez para conseguir algo mejor en la vida… ahora que si eso estaba acompañado de un buen par de ojos azules y una estatura superior al metro setenta el susodicho podía llegar a gerente. Mientras tanto un “indiecito” venido del sur difícilmente y luego de dos doctorados recién conseguiría la aceptación de la clase pirula siempre y cuando ganara harta plata y metiera a sus hijos a un colegio público de Providencia para que tenga oportunidades… pero no vaya a ser que el indio chico venga a embarazar a una cabra rucia porque eso si que no. Las razas se juntan, pero no se mezclan.
El caso es que en mi infancia un mapuche era todavía un objeto de estudio y no fue hasta los años 90’s cuando se empezó a entender que cualquier ser humano teniendo un corazón y pulmones, un par de ojos, piernas, uno que otro brazo, algo de cabello, algo de piel, era tan igual a otro ser humano que el apellido no era condición de raza, sino una identificación meramente formal… pero no estábamos tan avanzados tampoco, así que se los “aceptó” como quien acepta al familiar borracho que siempre ensucia el final de todos los bautizos, es decir, con reticencia y con recelo. Años más tarde nos enteraríamos que en realidad el racismo en nuestro país no ha bajado mucho, solo se ha disfrazado un poco y todavía no es lo mismo para la justicia llamarse Matías Catrileo que Martín Larraín.
Convengamos en que los únicos que usan su apellido mapuche con fines comerciales son los futbolistas retitrados como Marcelo Salas Melinao o los artistas que quieren ganarse una beca del Consejo de la Cultura y sacan por secretaría los títulos de mapuchismo con fines comerciales aún cuando no saben ni lo que es un Rehue.

Mientras más exclusivo… más mala suerte

Si te hubiera preguntado hace 40 años si te gustaría apellidarte Novoa, Délano, Lavín, Piñera, Kast o Girardi probablemente hubieras dicho que en realidad te daba lo mismo. Un apeliido del montón… desconocido, fome, nada importante. Pero si te hago la misma pregunta hoy apuesto mi testículo derecho a que tu respuesta será algo así como “Ni cagando!… capaz que crean que soy pariende de ese weon de…” ¿Me explico?
Incluso podemos ir más lejor. Pensemos en el mismo ejercicio pero yendo más arriba… si hoy te ofrecieran cambiar tu apellido por Matte, Angelini, Luksic, Paulmann… ¿acaso no lo pensarías dos veces? Porque claro, nadie quita que son apellidos poderosos, pero el poder de estos empresarios de un día para otro cae y se hunde más hondo que que el Titanic y yo no sé si hoy en día es tan inteligente llevar por apellido un estigma que tiene más muertos y más víctimas que el mismísimo barco.

El segundo apellido… la marca de arribistas y criminales

Los únicos que usan sus dos apellidos son los criminales atroces y los chilenos que no se conforman con tener un papá de apellido ordinario. En casos como Julio Ponce Lerou Lee Harvey Oswald el segundo apellido es el signo de identificación. En el primero es para decir que no es un Ponce cualquiera (como Waldo Ponce, por ejemplo) y en el segundo es para dejar en claro que el que mató a Kennedy no es Lee Harvey López que vive en Tucson y maneja un tractor. En ambos casos el segundo apellido es la manera que tiene uno de diferenciarse de otros posibles nombres iguales al propio y para dejar en claro de quien estamos hablando. (hay que señalar que en el caso de estos dos nombres que puse como ejemplo ambos son delincuentes, uno más que el otro… porque habría que matar 15 presidentes para igualar las estafas de Ponce Lerou)
En Chile es común que cuando ocurre la pesadilla del cuico y una hija se mete con un weón de apellido cuma el fruto de esa unión deberá siempre recurrir al segundo apellido para salvarse de la marca de la bestia que puso el padre. De este modo si una niña de apellido Barnes tiene la mala ocurrencia de engendrar una criatura con un tipo de apellido Hernández el nuevo integrante de la familia deberá siempre hacerse llamar Pedrito Hernández Barnes porque suena mejor que Pedro Hernández a secas. He conocido muchos. Sé de lo que hablo. Incluso hay algunos que hasta se las ingenian para unir sus apellidos con un guión y así fusionar los apellidos para segurarle a las futuras generaciones un mejor vivir, de este modo es que aparecen los Perez-Cotapos, los Martínez-Conde y todos esos apellidos que son la mezcla de un apellido de población con otro un poquito mejor. Y para los mal pensados que dirán Enriquez-Ominami también! les digo que… no lo sé. Habría que preguntarle al mismo Marco si lo hizo solo por cariño o porque igual le subía un poco el pelo. Cuando lo conozca en persona prometo consultarle y les cuento.  

¿Farkas o Farcas?

Este artículo se me ocurrió en realidad porque hace un rato estaba leyendo un reportaje de Ciper en el que describen los negocios truchos de Daniel Farcas y cuando en el reportaje lo mencionan como “Daniel Farcas Guendelman” de inmediato pensé que es primera vez que sé de su segundo apellido y, tal como expliqué en el apartado anterior, a los delincuentes siempre se los llama por los dos apellidos entonces uno inmediatamente puede detectar que cayó en falta… es como un método preeliminar de culpabilidad. Si le dicen los dos apellidos de ahora en adelante dirás !!este weón debe ser culpable!! Y te acordarás de mí.
Luego de eso pensé… pobre la gente de apellido Guendelman. Hasta el momento no había ningún Guendelman preso/famoso. Y de inmediato pensé ¡Pobre Leonardo Farkas! (jajajajaja)
Ocurre que la gente que ve tele no conoce a los políticos y el boca en boca siempre distorsiona la realidad. Entonces probablemente por culpa de Daniel Farcas mucha gente culpe a Leonardo Farkas de haber robado platas… confieso que no me cabe duda que Farkas ha hecho cosas malas en su vida porque nadie gana tanta plata vendiendo velas para los santos, pero por el momento no lo sabemos y por eso me dio lástima el pobre, porque todavía es simpático… con tanto show que hace uno termina quieriéndolo… es un spam social que, no sirviendo de nada y sabiendo de antemano que es su beneficencia es más falsa que el color de sus dientes, uno lo deja entrar y pasar de largo porque es un tipo chistoso. Entonces ahora la gente cuando escuche “Farcas (el diputado) se robó platas” pensará que fue el empresario rucio-crespo-payaso y no el diputado-famélico-gato-de-campo.  

Me despido con una última reflexión

François de La Rochefoucauld fue un francés que no tiene mucha importancia pero escribía frases bonitas, y tenía un apellido hermoso, por eso seguramente dijo que “ Los apellidos famosos, en lugar de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos.” Por eso pienso que en realidad hemos aprendido dos cosas en el último año. Primero (y quiero ser enfático en esto) que los delincuentes son delincuentes porque cometen delitos, no porque vengan de Lo Prado, de Pudahuel, de Talcahuano o de Playa Ancha. Es decir que muchos de los ladrones y traficantes más grandes de nuestra historia estaban escondidos en casas de lujo bajo el paraguas que les proveía un apellido con olor a Productor de Vino. Segundo, me gusta pensar que a pesar de todas las injusticias existe siempre una luz al final del túnel y, así como cada vez importa menos el apellido o el color de piel o la procedencia de los antepasados quizá algún día vayamos inculcando a nuestros hijos que la justicia no depende de un carnét de identidad sino de los actos con que cada cual se conduce.
Disculpen. Creo que fue muy moralino y fome el último párrafo, así que cerraré diciendo una barbaridad… a todos los siúticos de mierda que son parientes de corruptos y ladrones les digo: Métanse el apellido en la raja!

Arturo Ledezma
escrito en El Ciudadano
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About the Author Arturo LedeZma Martìnez

Editor, fotógrafo, escritor en medios, el resto es ego .

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