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Al escribir sobre Black Sabbath no se puede hablar simplemente de leyenda, sino más bien de una banda completamente actual y viva que tiene una trayectoria inmensa pero que sigue estando vigente porque no vino a Chile a montar un remember de lo que hacía hace 40 años sino a seguir tocando como si estuvieran sacando el segundo disco, y eso quedó claro el viernes pasado cuando se presentó ante 50 mil personas en el Monumental entregando un show que fue potente, claro y conciso. 

Sin caer en la tentación de una utilización empalagosa de efectos audiovisuales y con un Ozzy Osbourne que bien guardado tiene el cuadro de Dorian Gray en su camarín la banda hizo un concierto más cargado al rock duro que lo caracteriza y dejó de lado canciones más bajadas de tono. Se extrañó quizá una interpretación de Electric Funeral pero se agradeció que cerraran con Paranoid y así nos diéramos por pagados al salir del estadio. 

Es inevitable pensar que Black Sabbath es una banda que ha pasado de padres a hijos e incluso a nietos. En el estadio había mucho papá chocho con su cabro de 15 y harto tata metalero cabeceando piola. Mucha gente que se fue a pegar un golpazo duro de la banda sonora personal que terminan siendo estas agrupaciones que están en nuestro inventario mental desde siempre. Yo soy fan desde hace unos 15 años, no puedo ocultarlo, y mientras estaba en la cancha me daba cuenta que esa emoción de estar a 20 metros de Ozzy Osbourne viene atravesada por una experiencia vital que me pasó a revivir los años en que escuchaba por primera vez los discos Paranoid o el Vol 4 y me alucinaba con la voz de Ozzy. Lo increíble fue estar ahí y comprobar que después de 40 años sigue cantando igual, que tiene una voz impecable y que a pesar de sus 65 primaveras de carrete power se desplaza por el escenario con una fuerza que ya se la querría mi abuelito cuando va de camino a cobrar la pensión. 


Del show


La presentación fue más o menos lo que esperaba y con eso ya es mucho decir. Sobre todo y considerando que estamos hablando de una banda que se formó a finales del año 69 y que ha pasado a ser uno de los referentes vivos (y coleando) más importantes de la música mundial. Aparecieron y el estadio reventó, partieron con War Pigs y de ahí en adelante mostraron un repertorio que en aproximadamente 60 minutos nos dio una clase de buen rock y de un profesionalismo musical que se envidia. Como decía antes no hubo más que una pantalla que proyectaba imágenes y el show consistió en escuchar a los Sabbath que no necesitaron de aditamentos luminosos o espuma en el aire para sacarle brillo a las orejas de todos los que coreábamos en espanglish los coros de las canciones. 


Con Tony Iommi y Geezer Butler (miembros originales) guitarra y bajo respectivamente hicieron que, como dijéramos hoy en día, sonaban igualito que en el Youtube! Esto último es quizá comparable únicamente con lo que podríamos ver en Roger Waters o en Rolling Stones y por eso reitero la idea de que los que estuvimos el viernes en el Monumental pudimos ver a una banda que no se vino a morir a Chile ni tampoco abusó de los "hits" para encandilarnos con una propuesta que tiene aún mucho camino por recorrer y que reitera que es una banda "histórica", por decir lo menos. 


Mención aparte merece el baterista Tommy Clufetos que en un brake en que Ozzy y compañía se apartaron para estirar las piernas se mandó un solo de batería que me hizo recordar a Tommy Lee mezclado con John Bonham (y con la comparación arriesgo golpizas pero creo salir ileso) porque no sólo animó al público con una excelente demostración de su talento sino además recordó que el rock clásico no ha perdido esa dosis necesaria de aspavientos de destreza y de ejecuciones en solitario que le dan a uno el tiempo de voltearse la cabeza con un rato largo de un instrumento... pienso en esos solos eternos de los 70´s y en el delirio medio sexualoide que tenían esas canciones que duraban 20 o 30 minutos. Me imagino que para los más viejos habrá sido una vuelta atrás y para los más pendejos, como yo que tengo 34, fue la oportunidad de estar ahí cuando aparecen esos arranques rockanrolleros que te dejan con la piel de pollo. Todo esto que les cuento fue la antesala para que, luego de que el público se prendiera como pasto seco entre los tambores de Clufetos, apareciera la banda y tocara inmediatamente la canción Iron Man y todos quedáramos gritando y levantando los deditos en cacho como bien nos enseñara Dio.


De ahí en adelante el recital tiró a la parrilla su última pasada de clásicos y nuevos clásicos y cerró con Paranoid para que nadie saliera pelando. La banda se fue entre aplausos y, a pesar de que nadie gritó "una más y no hueviamos más", todos nos fuimos para la casa con la sensación de haber visto un show de aquellos que uno piensa "quizá es la última vez que vienen a Chile y me siento feliz de haberlos visto"


Mi experiencia personal

Quizá todo este artículo ya haya estado saturado de mi experiencia y no puedo ni quiero adoptar una postura objetiva respecto de una banda como Black Sabbath que, dicho en chileno, me vuela la cabeza. Por eso es que cuando supe que tenía que cubrir el recital me embargó una extraña mezcla de alegría y pudor. Alegría por estar ahí y tener la misión de hablar luego de una de mis bandas favoritas. Pudor porque en realidad entré con el prejuicio de que me iba a encontrar con una versión muy menor de lo que yo conozco de Black Sabbath. Y esto último lo digo porque a veces ocurre que el cantante ya no canta, o pasa que suenan pésimo o no tienen nada nuevo que mostrar. Por el contrario, me topé con una agrupación que bien merecido tiene el fanatismo de los que estábamos ahí y nos dejó en claro que las lucas estaban bien gastadas (aunque yo fui sin pagar porque me acreditó la productora Cactus, más lindo aún jejeje). 

Quizá me hubiera gustado escuchar un par de canciones más. Incluso habría pagado por oír Perry Mason que es una canción de Ozzy en solitario. Pero al final de cuentas entiendo que estoy frente a un grupo que promedia los 64 años y eso también tiene sus costos, al menos en términos de duración del show. No estamos frente a Montaner ni mucho menos a una banda tributo, son los mismísimos músicos que nos acompañaron de camino al colegio y que matizaron funerales (alguna vez en un funeral pusieron la canción Changes y lloró hasta el cura) o cumpleaños desde hace ya varias décadas. Entonces no queda más que sentirse asfixiado por tanta información, alegre por tan magno evento y dichoso por presenciar un espectáculo de lujo.

Finalizo diciendo:

Agradezco a Verónica Ulloa y Claudio Escobar de la productora CACTUS por la acreditación y por facilitarme las fotografías de este posteo. Y espero que aquellos que tuvieron la oportunidad de ir se sientan igual de contentos que yo, y también espero que los que van a ir al próximo recital de los Sabbath sepan que están ante uno de los grupos más pulentamente rockeros de las últimas décadas y respect! 

Saludos y me despido, tal como dijo Ozzy después de cantar la canción God is Dead, diciéndoles Que Dios los bendiga! jejejejeje


por Arturo LedeZma
con fotos de CACTUS

  
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About the Author Arturo Ledezma

Editor, fotógrafo, escritor en medios, el resto es ego .

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