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Ayer domingo terminé por meterme en otra cuenta de alguna red social. Esta vez en scoop.it! que es como una pequeña curatoría personal respecto de algún tema. Un microblog (para llamarlo de alguna manera que se entienda) que te da la posibilidad de ir montando un par de categorías sobre las cuales subir luego contenidos relativos a cada categoría. Hace un par de semanas me abrí también una cuenta en Pinterest, que opera con la misma lógica de Scoop pero en un campo diferente: principalmente fotos y videos que uno cuelga sobre un dashbord de corcho a la manera de papelitos pegados con un Pin. (claro, por eso se llama Pinterest). Y en ellos he encontrado una manera muy eficiente de ordenar mis preferencias de lectura y de paso guardas registro de lo que voy viendo a diario en la web. 

Bueno la cosa es que estas redes sociales y administradores de contenidos sirven de una manera enorme para mi trabajo en edición. Mis amigos no lo entienden, claro, porque aún ven al facebook o al twitter como portales en los que uno se asoma a ver la foto de borracho de alguien o a reir de los #hashtags que webean a Piñera. Pero no, lamento informarles que es mucho más que eso. Obviamente no todos tienen la suerte que tengo yo de utilizar esas plataformas de red para trabajar (aunque nadie me cree que trabajo con facebook) sin embargo lo que me sorprende es que los editores, los mismos que se suponen deben prestar el mejor servicio a sus autores para conseguir más y mejores lectores, son quienes más se niegan a entender lo necesarias que son las plataformas de gestión de contenidos. 

Yo soy de los que ven al editor como un tipo que da a conocer obras literarias a través de un medio y no como un viejo culiao que está toda la tarde leyendo manuscritos de poetas fantásticos y que pone la firma y el poeta se hace famoso y gana dinero y compra una casa en la playa para llenarla de estupideces. Siento que uno está para saber mucho de esas herramientas que salen a diario y que conectan a un lector con un escritor. eso es todo. El resto es romanticismo para pajilleros que no encuentran la manera de seguir escribiendo textos malos. 

La gracia del asunto es lograr que esas plataformas te sirvan para trabajar y no que termines siendo un idiota que por culpa de estar en facebook te pille tu jefe y bote del trabajo. Llegar a construir pequeños círculos de información en los que el contenido que subes (en mi caso info editorial) termine por retroalimentarse y llegar a más lectores/usuarios a fin de mover más cada tema o cada noticia. Por eso para los editores es fundamental que todas aquellas tecnologías sean aprendidas, usadas, manejadas y al fin de cuentas editadas con el propósito de mejorar la experiencia lectora de quienes están buscando e investigando los contenidos editoriales. Las pequeñas editoriales, por cierto, tenemos mucho que ganar frente a un mercado que crece y que se consume a sí mismo. Los escritores que logren plantear sus obras como experiencias de usuario podrán en un futuro inmediato ganar audiencia y, de paso, cortar el cordón umbilical con los distribuidores y editores que les chupan hasta la última letra para ganar recursos. 

Me acuerdo que hace un tiempo veía un video (lo siento pero no he logrado dar con el link) en que Pablo Odell hablaba al respecto y decía algo muy cierto. Señalaba que (y la cita es como la recuerdo) si cuando sale al mercado un nuevo tipo de tinta o un nuevo líquido para impresión pues los impresores están al tanto y se actualizan y capacitan entonces por qué un editor no habría de estar al tanto de las nuevas tecnologías que le ayudan a hacer mejor su trabajo. Remataba diciendo algo así como que: Si un editor piensa que únicamente con tener una cuenta de mail ya está actualizado es que significa que está perdido... Mucha razón tiene (y el sentido común no hace más que gritar que es tan obvio como que si dejo un pescado en el patio se pone rancio o se lo come el gato del vecino).

Igual es cierto que el mundo ha cambiado bien rápido y que no es culpa de nadie en particular y bla bla bla. Pero también es cierto que quedándose ahí sentados esperando a que venga el Halcón del espacio a matar la tecnologia para que volvamos a masturbarnos con la corteza de un árbol para sentir que los libros son únicamente los libros que se escriben en papel, eso es imposible. Los lectores son diferentes, no los libros. No es ni el formato ni la editorial sino el autor el que se dio una vuelta en 360 grados y quedo donde mismo pero mareado por el vértigo de las nuevas formas de escritura. Pues entonces que vomite el que tenga que vomitar y que quien tenga que ponerse manos al asunto pues que se las ponga. Yo por mientras no me canso de entrarle a los nuevos formatos y a las nuevas plataformas. No me canso de leer en dispositivos diferentes y menos aún me dejo de maravillar cuando hay autres que empiezan a construir obras literarias para esos nuevos autores.

Bueno, ya seguiré con este mambo. Nada más venía a dejar registro de que estas nuevas redes amplían y diversifican el trabajo de los escritores y obligan a que los editores dejen de ser (o pretender ser) esos tipos de sombrero alón y bastón y monóculo que los malos escritores creen que son. Más silicio y menos bolígrafo, eso es todo mira que al final la subrayada es la misma y a de paso se comparte.

seguimos pronto

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About the Author Arturo LedeZma Martìnez

Editor, fotógrafo, escritor en medios, el resto es ego .

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