Fisura

martes, 7 de noviembre de 2017

El controvertido arte fotográfico en los “niños fumadores” de Frieke Janssens

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El controvertido arte fotográfico en los “niños fumadores” de Frieke Janssens


La propuesta fotográfica de Frieke Janssens es perturbadora porque juega con dos cosas que nos resultan desagradables juntas: niños y cigarros. Sin embargo la idea en el proyecto “Smoking Kids” es precisamente cuestionar desde el arte los peligros del cigarro en niños.
Hay quienes empiezan a fumar muy pequeños, la mayoría en la adolescencia pero algunos empiezan antes. No tiene que ver mucho con clases sociales porque he conocido gente muy cuica que empezó a fumar a los 8 porque pasaban solos en sus casas y tengo amigos que empezaron a la misma edad aún cuando estaban al otro extremo de la ciudad y en medio de una población.
Lo que motiva a Janssens a realizar esta representación de niños con cigarillos es aquel video que se hizo viral hace ya cuatro años cuando vimos con asombro a un pequeño niño de Indonesia que fumaba dos cajetillas diarias y solo tenía un par de años de vida. Luego de eso es que realizó este increíble trabajo fotográfico que se construye de una estética en que los niños visten con atuendos que hacen referencia a los estilos de vida que habitualmente la publicidad y el marketing usan para vender cigarros. Una mezcla de snobismo con un toque cosmopolita, a la vez que sucio y lejanemante depresivo o solitario.
El trabajo de Frieke Janssens es crudo y muy bien logrado, así que les dejo estas hermosas fotos, también su Facebook y al final un par de vídeos de apoyo.



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miércoles, 11 de enero de 2017

La poesía visual en la fotografía de Silvia Grav

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La poesía visual en la fotografía de Silvia Grav


Elegida por Flickr como una de las mejores fotógrafas del mundo: Silvia Grav es una fotógrafa española (nacida en 1993 en el País Vasco y residente en Madrid y Los Ángeles) cuya obra transita entre el surrealismo onírico y la poesía inquietante explorando sus miedos, inquietudes y deseos.


© Silvia Grav
© Silvia Grav



Biografía

Silvia Grav pasó gran parte de su joven vida en Málaga, después se trasladó a Madrid. Su trabajo es descrito con dos palabras: surrealista y conceptual. Comenzó estudiando Bellas Artes, pero debido a la falta de ganas y al poco tiempo que tenía, acabó dejándolo, y ha aprendido de forma autodidacta.
Flickr se fijó recientemente en sus imágenes y su nombre se incluyó en el “20under20”. Una iniciativa que buscaba talentos con menos de 20 año y que le llevó visitar Estados Unidos para recoger el premio y exponer en grupo en la Milk Gallery de Nueva York y a trasladarse después a vivir a Los Ángeles, donde espera poder tener más posibilidades de desarrollar sus proyectos y sus sueños, que incluyen, además de la fotografía, el dibujo y también la escritura que practica desde que era pequeña. También hace video y quiere dirigir una película.
Trabaja en blanco y negro y todas sus fotos están procesadas (algunas son en analógico) y a menudo provocan una sensación extraña, como de ensueño, usando contrastes muy agudos entre luces y sombras, a veces con humo que hace las escenas más espeluznantes. Combina elementos de la naturaleza (nubes, estrellas, arboles y olas) con retratos, logrando un efecto realmente sugerente. Sus imágenes monocromáticas manipuladas muestran figuras humanas y objetos inanimados de manera poco convencional, como un simple vaso que contiene las olas de un océano.
Sus retratos de mujeres jóvenes a menudo se superponen con imaginería galáctica: estrellas y galaxias se disparan a través de sus cuerpos como un espectacular escenario de trascendencia.

Silvia Grav

 Silvia Grav

Silvia Grav. Serie "Holocaust"

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav Hyperbole 11

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav

Silvia Grav

Referencias


Texto: CadaDiaUnFotofrafo.com

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lunes, 14 de noviembre de 2016

La terrible historia del fotógrafo bondage que se convirtió en asesino serial

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La terrible historia del fotógrafo bondage que se convirtió en asesino serial
Tener el corazón roto y andar por el mundo con el peso de un amor a cuestas puede transformarse con rapidez en un motor de acciones sumamente peculiar. Tanto en el ámbito de las artes como en el de la autoestima, haber sufrido una decepción afectiva es el pretexto perfecto para desatar iluminaciones de creatividad, trabajo, empeño, cariño y demás cosas que nos traerán uno que otro beneficio a mediano o largo plazo. No obstante, esto no sucede a cabalidad o como una norma inamovible. Hay quienes sepultan estos rasgos en lo más profundo de su ser para, después, convertir sus efectos desoladores en un complejo acto oscuro que puede devastarlo todo. Pensemos en esos personajes que el cine nos ha regalado y que no tienen nada que ver con el seductor American Psycho instaurado en nuestra imaginación; fijemos la mirada entonces en un Norman Bates o un John Doe de “Seven” (Fincher, 1995). Esos dementes que se han mantenido alejados de la relación humana y sembrado en su adentros una semilla de inseguridad, represión y envidia.


Justamente así fueron los inicios y declives en Harvey Murray Glatman. Un hombre norteamericano que se crió en Denver y presentó desde muy joven actitudes alarmantes para la comunidad en donde vivía; siendo un chico todavía, sus maestros y familiares identificaron en él una fascinación extraña por el dolor y el sexo femenino como en nadie más. Antes de alcanzar incluso la adolescencia, Harvey molestaba a las niñas de su generación y demostraba un prematuro despertar sexual que solía inclinarse hacia el sadomasoquismo, inquietando a la gente que le rodeaba y atemorizando a compañeros del colegio.



Sus fracasos sentimentales, ceguera en el romanticismo y aspecto físico fueron factores centrales para que su pecho fuera enfriándose cada vez más; transformando también la manera en cómo se vinculaba emocionalmente con el género opuesto y el tono en que veía la sexualidad humana.

Con una infancia solitaria y muy confusa, Glatman alcanzó la juventud y con ella, cierta imposibilidad para acercarse a las mujeres. Su complejo de inferioridad no le permitía relacionarse con ellas. Comenzó a escabullirse en habitaciones de chicas que encontraba atractivas para robarles prendas íntimas y sentir que podía estar próximo a alguna de ellas. Claro, gracias a esto, su fama entre padres y compañeras de escuela se tornó despreciable –cuando no sombría– ocasionando aún más el repudio del pueblo.




Todo se tornó violento cuando una mañana Harvey salió de casa con una pistola de juguete y esperó a la primera joven que se atravesara por su camino. Ansiaba con todo su ser el encontrarse con una mujer conocida, alguien a quien pudiera disfrutar visualmente en un estado de vulnerabilidad, pero las cosas sucedieron distinto. Tuvo que conformarse con cualquiera. Esa pobre chica que tuvo el infortunio de pasar ante los ojos de este maniático terminó acorralada en un callejón, desnuda, sollozante y nerviosa. Glatman no le tocó ni un solo cabello, verla en tal situación fue suficiente, pero ocasionó en su víctima un trauma irreversible. En él, la génesis de un depravado asesino.

Habiéndose mudado más tarde a Nueva York como un medio de escape para sus más extravagantes fantasías, fue reconocido entre el cuerpo policiaco y vecinos como “El bandido fantasma”. Un hombre que no violaba a las mujeres que abordaba y que no dejaba ni el más mínimo rastro de forcejeos o golpes.



Las prácticas de este criminal se volvieron ensayo tras ensayo, en escenarios donde él sentía una fuerte urgencia por atar a sus martirizadas mujeres y fotografiar las consecuencias del atropello. Armó una suerte de álbum gráfico donde el registro de sus atrocidades se coleccionaban una detrás de otra y dibujaban una línea de perfeccionamiento tanto en sus técnicas artísticas como en sus estrategias vandálicas. Glatman empezó a ser reconocido como ese enfermo mental que capturaba en imagen sus propios delitos.



Y no hablamos de cualquier captura, por supuesto. Sino de una que paulatinamente fue encontrando su identidad en las figuras de dominación, la mirada de dolor, las herramientas de supremacía y las prácticas de un placer punzante. En un tenor propio del BDSM y el fetichismo de la tortura, esta mente siniestra se volcó hacia una fotografía erótica que sirviera como primer paso para sus delitos.

En alguna ocasión, Harvey fue sorprendido y capturado tras realizar uno de sus infames ataques, haciéndose acreedor a 5 años de prisión por los actos imputados. Ese periodo no fue suficiente para que mejorara su comportamiento o recapacitara en cuanto a sus acciones, claramente. En 1957, involucrado de lleno en un negocio de reparación de televisores que “le devolvería” una participación sana en la sociedad, este sujeto hizo de la fotografía una afición que lo vinculaba de nuevo con sus viejos y bestiales actos.




Glatman contrataba guapas e inexpertas modelos bajo el pretexto de fotografiarlas para portadas de moda o revistas de detectives, pero lo que en verdad hacía, muy a pesar de sus múltiples esfuerzos por reinsertarse en la humanidad, era amordazarlas y satisfacerse sexualmente con el vestigio visual de sus tomas.

Poco a poco la idea de poder tocar a alguna, de hacerla completamente suya, invadió los pensamientos de este maniaco. Mediante el mismo proceso de anunciarse como un fotógrafo editorial, logró cobrar la vida de varias chicas como Judy Dull, Shirley Ann Bridgeford y Ruth Mercado. Siendo la primera de ellas la mujer de quien mejor registro se tiene durante su supuesta sesión artística, a lo largo de los múltiples asaltos sexuales y al dejar su cuerpo sin vida. Dichas fotografías, que al comienzo mostraron un exagerado histrionismo en el rostro de la modelo y terminaron con el verdadero horror en los ojos de la chica, son la evidencia más espantosa que pudo haber quedado de los asesinatos perpetrados por Harvey.



En su último intento, cuando pretendía atacar brutalmente a Lorraine Vigil, sus esfuerzos fueron frustrados por la fuerza de la víctima y sus instintos de supervivencia. Todo se unió en tal situación para su captura: un oficial atravesando justo el momento del crimen, la urgencia de escapar por la chica secuestrada y la propia estupidez del asesino.

Tras su captura, la policía visitó la casa del supuesto fotógrafo. Se trataba de un pequeño y deplorable búngalo color blanco, con barrotes de acero en las ventanas. Al ingresar, los oficiales encontraron cientos de fotografías de mujeres desnudas y atadas, en diversas poses explícitamente sexuales. El peculiar gusto por el bondage y el masoquismo de Harvey se desenmascaraba ante la ley.



Durante su procesamiento Glatman confesó sus delitos, guió a la policía hacia los lugares que le incriminaban y aceptó con determinación su pena de muerte. Pudiendo alegar enajenación mental o inconsciencia de sus actos, prefirió morir de una vez a pasar años en una cárcel. La enorme colección fotográfica que el asesino hizo a sus víctimas, antes y después de violarlas y asesinarlas, impactó al jurado y hoy se mantiene como uno de los exhibitsmás perturbadores de la cultura norteamericana.

Harvey Murray Glatman fue ejecutado el 18 de septiembre de 1959 dejando atrás una serie de fotos que bien podrían considerarse hoy snuff o un extremo más de la perversión humana.



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La sensualidad y el erotismo de la vida cotidiana en las fotos de Sandra Torralba

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La sensualidad y el erotismo de la vida cotidiana en las fotos de Sandra Torralba


Una de las maravillas del mundo actual es que la fotografía no ha muerto, sino por el contrario, ha sabido encontrar en los nuevos dispositivos y en las redes sociales una vitalidad y un rejuvenecimiento que quizá ni el más auspicioso soñador se hubiera imaginado hace unos veinte años. Y digo esto porque así como hemos visto morir la televisión, los cassettes, los dvd y hasta el cine, en el caso de los fotógrafos el mundo es un escenario cada vez más lleno de colegas y, por lo mismo, cuando un artista de la fotografía destaca es un doble o triple mérito porque en un universo lleno de cámaras en cada bolsillo ser bueno es una excepción. 

El caso es que estaba viendo el trabajo de Sandra Torralba y este proyecto suyo, llamado Estranged Sex, me pareció notable. No solo porque utiliza ciertos criterios para meternos dentro del tabú propio de la fotografía erótica, sino porque los escenarios mentales que es capaz de crear van desde la más básico voyeurismo hasta el más sutil y frenético asco psíquico, dos cosas que me parecen intensas y dignas de subrayar. 

En su web www.sandratorralba.com encontrarás más colecciones, pero me gustaría dejarlos con Estranged Sex porque fue lo que me flipó de entrada y porque creo que, como decía antes, en mundo lleno de fotógrafos y de tetas por doquier, cuando la sensualidad y el erotismo son tomados como una herramienta y no como un fin, el punto de vista siempre cambia y eso se aplaude. 

Sigan disfrutando de Animales Políticos y ya les traigo más fotógrafos que les vuelen la cabeza. 

por @arturoledezma en Animales Políticos






















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