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La propuesta fotográfica de Frieke Janssens es perturbadora porque juega con dos cosas que nos resultan desagradables juntas: niños y cigarros. Sin embargo la idea en el proyecto “Smoking Kids” es precisamente cuestionar desde el arte los peligros del cigarro en niños.
Hay quienes empiezan a fumar muy pequeños, la mayoría en la adolescencia pero algunos empiezan antes. No tiene que ver mucho con clases sociales porque he conocido gente muy cuica que empezó a fumar a los 8 porque pasaban solos en sus casas y tengo amigos que empezaron a la misma edad aún cuando estaban al otro extremo de la ciudad y en medio de una población.
Lo que motiva a Janssens a realizar esta representación de niños con cigarillos es aquel video que se hizo viral hace ya cuatro años cuando vimos con asombro a un pequeño niño de Indonesia que fumaba dos cajetillas diarias y solo tenía un par de años de vida. Luego de eso es que realizó este increíble trabajo fotográfico que se construye de una estética en que los niños visten con atuendos que hacen referencia a los estilos de vida que habitualmente la publicidad y el marketing usan para vender cigarros. Una mezcla de snobismo con un toque cosmopolita, a la vez que sucio y lejanemante depresivo o solitario.
El trabajo de Frieke Janssens es crudo y muy bien logrado, así que les dejo estas hermosas fotos, también su Facebook y al final un par de vídeos de apoyo.


Cuando uno piensa en hombres en moto se imagina a tipos heterosexuales porque la historia nos ha enseñado que todo lo masculino es heterosexual. Y como no hay cosa más imbécil que esa y como no hay nada mejor que la fotografía para derribar mitos es que te dejo estas fotos de Sylvan Rand que te encantarán


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En el año 1967 el fotógrafo Sylvan Rand se fue en moto con un amigo y se unió a un grupo de hombres, motoqueros, homosexuales, que se juntaron para disfrutar de un poco común (para la época) team de amantes de la carretera.
El grupo estaba compuesto por hombres comunes y corrientes; aquellos trabajadores que luego de una semana de trabajo escapaban hacia su santuario lejos del ajetreo de la vida de ciudad y probablemente de una sociedad hostil. Porque si pensamos que en nuestro imaginario el mundo de las motos está relacionado con la heterosexualidad, y la máxima expresión serían moteros como los  Hells Angels Motorcycle Club que son muy machos y todo, puede que nos resulte extraño decir “motociclistas homosexuales”. Sin embargo Rand nos entrega la gran apuesta de derribar uno de los mitos estúpidos de nuestra cultura, aquel que emparenta orientación sexual con roles predetermindos, y nos ofrece en sus capturas una muestra bellísima de hombres que no cumplían con el clásico estereotipo de los ciclistas “hombre rudo heterosexual” de la cultura popular, sino más bien con el de “hombre rudo homosexual” que es básicamente lo mismo. Probablemente es ahí donde habita la belleza de este conjunto de fotografías,  ya que simplemente retrata un grupo de hombres compartiendo un espacio de relajo y cincuenta años más tarde nos parece hasta gracioso el hecho de que estas etiquetas sigan presentes en muchos ámbitos de nuestra sociedad.
Bien, te dejo con el set de fotografías y espero que las disfrutes, aprecies, compartas y te sirvan para conocer la obra de Sylvan Rand en caso de que no la conocieras.
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si quieres saber más de este fotógrafo solo pincha el nombre > Sylvan Rand
en El Ciudadano x Arturo Ledezma


Hemos visto cómo las redes sociales se hicieron cargo de enjuiciar públicamente a las dos funcionarias de Maipú que protagonizaron un ridículo accidente en una plaza. A razón de eso se armó un lío desproporcionado y ahora, cuando miramos con distancia, nos damos cuenta que el daño más grande ocurre cuando el público, como en un coliseo romano, apunta para que corra la sangre y todos griten de felicidad por el daño causado a un desconocido que nos parece distinto. Eso se llama prejuicio y lleva de la mano la triste venganza de la discriminación.

Es fácil hablar de sobra por redes sociales. También es fácil caer en el juego de tirar piedras y lapidar a medio mundo con solo leer un titular o, simplemente, por las ganas de sumarse a una moda. Ayer vimos como las redes sociales se llenaron de esa macabra obsesión de hacerle la vida terrible a los desconocidos con el amparo cobarde y ramplón de estar ocultos detrás de un dispositivo electrónico.
No tardó nada en llegar a trending topic el hashtag SaritaVasquez, para burlarse por el aspecto de las dos mujeres protagonistas del viralizado vídeo de las dos funcionarias que llamaron a los pacos porque una niña las atropelló con su auto de juguete. Y si bien me parece que llamar a carabineros por algo así es una locura, también creo que hay que ser justos y debemos decir que realizar, por otra parte, un video como lo hizo la mamá de la niña para cagarle la vida a las mujeres  es también un acto digno de repudio. Pues no solo filmó ella misma a su hija, a la carabinera, a las mujeres y a sí misma, sino que además colgó el video de manera tal que esa justicia popular y terrible de las redes sociales cobrara venganza por ella.
El caso es que los medios hicieron eco del asunto. El twitter se volcó a trollear sin piedad a las mujeres por su apariencia física e incluso se desató un odio tal que una de ellas contó que luego en la calle la tomaron por el brazo e intentaron golpearla. En ese momento es cuando uno dice ¿No será mucho?
Hoy nos enteramos gracias al facebook del concejal Ariel Ramos que las dos funcionarias del municipio son transexuales, razón por la cual obviamente no cumplen con el estereotipo femenino que le gusta ver a la gente en la tele, sin embargo no por eso son dignas de ser ofendidas por como lucen. No sé en qué momento ser o lucir distinto es terrible y hasta se vuelve peligroso. Se llenan el hocico con campañas de no acosar sexualmente a las mujeres bonitas pero cuando se las acosa por no serlo el público aplaude como en una feria. Patético.
Dejo a continuación las publicaciónes del concejal Ramos.

Vamos por partes:

Primero que nada, El video

Alejandra Lagos es la mamá de la niña que le pegó un topón a una de las mujeres y que luego difundió el vídeo. Y si bien le encuentro toda la razón en defenderse y en tratar de dejar registro creo que cometió un error al poner ese vídeo en una plataforma que permitió que se volviera viral y, con ello, tema nacional. Hay que saber medir la fuerza, no hay que volverse bestia solamente porque alguien te ataca. Alejandra se equivocó y causó un daño peor que el que había recibido a cambio de vengarse y eso la convierte en una persona detestable, mucho más que lo detestable de la situación que vivió ella y su nena.
Los ciberautas somos personas perversas que gustamos de ver cosas raras en las redes y cuando un tuit es gracioso podemos hacer nata reproduciéndolo. Y en ese ahínco a veces no nos damos cuenta de que podemos hacer daño. Porque el bullying no es una cosa que debamos hacer. Como no es bueno hacer justicia por tu mano, o castigar duramente a alguien y luego subirlo a youtube. Eso no te convierte en héroe sino en idiota, porque insisto, hay que medir la fuerza y pensar en las consecuencias.
Sin ir más lejos hoy Patricia Montero (la protagonista del vídeo) declaró en Chilevisión lo siguiente: “quedamos mal nosotras, nos han querido pegar, nos han retado. Es una injusticia, si me pudiera colgar, yo creo que lo haría, estoy desesperada”. Entonces me pregunto, Alejandra, y si se cuelga ¿cómo te sentirías?

Segundo, la discriminación y el trolleo

Desde la gente común y corriente hasta los medios de prensa se dieron a la tarea de ofender a las mujeres sin mediar que un escarnio público es una condena que puede ser terriblemente feroz. Publimetro, por ejemplo, tuvo minutos para dedicarle tiempo a explicar por qué Sarita Vázquez era trendig topic, y como siempre hicieron correr su maquinaria perversa de carne molida para jugar con el morbo y la estupidez de sus redactores que, a punta de prejuicios y discriminación, prefirieron sumar visitas a su sitio antes que respetar e unas sujetas que lucían distinto.
Y si quieren más ejemplos basta que se metan a twitter para encontrar a idiotas como este que sin más ni más se ponen a compartir fotos en las que gratuitamente ponen la cara de alguien para regalarle una ofensa. Y no me extrañaría que este idiota me hiciera a mí la amenaza de demandarme por llamarlo idiota públicamente y caería en su mismo juego de entender que cuando a uno se lo acusa o se lo apunta con el dedo para que otros se rían hay que saber lo que se siente ser apuntado.  
No voy a seguir argumentando respecto de lo que significa el bullying en redes sociales porque creo que cualquiera entiende que hay que tener un poco de criterio incluso para ser vengativo.
Me quedo con las palabras del Movilh al respecto para cerrar este punto: “Varios usuarios de las redes sociales han utilizado el triste y lamentable episodio vivido por una niña de 4 años para atacar a dos funcionarias de la comuna en razón de su identidad de género y apariencia física. Esto es intolerable”

Tercero y final, la crueldad innecesaria

Yo sé que no puedo cambiar el mundo. Y sé que no puedo hacer que la gente no sea tan hijadeputa en redes sociales. Tampoco puedo conseguir que las personas piensen dos veces antes de ofender a alguien y menos aún puedo reparar el daño que tal o cual le ha causado en otra persona. Lo que sí puedo hacer es pelear porque en este país hayan cada vez menos imbéciles que sean capaces de trollear sin piedad a alguien por lucir distinto, por pensar distinto, por ser distinto.
Nos amanecemos llorando con la Teletón y nos pegamos en el pecho cuando alguien vulnera los derechos de un niño, sin embargo no vemos más allá de nuestro puño al viento cuando la injusticia no tiene el color que han pintado para que la reconozcamos.
Nadie ayer se fijó acaso en que la madre filmó a su hija y la expuso. Nadie reparó en que estaba discriminando a dos personas que lucían de una manera determinada. Nadie puso el acento sobre la conducta pelotuda de la carabinera. Sin embargo fueron miles los que se agarraron hasta de la pobre Sara Vázquez (que muerta y todo sigue dando para que hablen los medios de su fisonomía) con el fin de hacer daño a rabiar.
No quiero terminar dando discursos, ni mucho menos me las voy a venir a dar acá de santo, sin embargo creo que a estas alturas del partido hay que tener un poco de paciencia. Un poco de respeto. Hay que luchar y gastar energías en aquellas batallas que realmente importan y dar cara a los hijos de puta que nos hacen daño. Hay que espetar con rabia a los parlamentarios que roban y a los empresarios que engañan al país. Hay que tirar piedras sobre el abusador que, con poder y armamento, se toma el trabajo de explotar a otros. Pero no hay que gastar tiempo y ganas en noticias de barrio que solo le deberían importar al pequeño grupo de personas que fueron protagonistas.
Me gustaría pensar que los medios estamos acá para hablar de cosas más colectivas y no de prejuicios y maldad de cuneta. Sin embargo me siento en la obligación moral de dedicar al menos estas palabras para, imaginariamente, volver en el tiempo y meterme en medio de la discusión en Maipú con el fin de decirles a ese grupo de señoras que se trenzaron en una discusión estúpida “Chiquillas, no se saquen los ojos y piensen que peor sería que esto termine siendo noticia nacional”

en twitter me pillas en @arturoledezma

publicado en El Ciudadano el 16 de diciembre de 2015

Las ingeniosas composiciones de Dave MacDowell


El arte contemporáneo es prolífico, insistente, repetitivo. Sin embargo a veces en las redes sociales encontramos pequeñas joyitas como esta selección de MacDowell quien, con un estilo más ligado al inconsciente que al mero divertimento, nos entrega piezas alucinantes (o alucinatorias, según como quieras verlo)

El trabajo artístico de Dave MacDowell es alucinante porque mezcla de una manera muy perturbadora (o perturbada) íconos del cíne y del pop con su estética que es irónica a la vez que un tanto grotesca (en el mejor sentido de la palabra). De este modo nos hace aparecer ilustraciones en las que el guatón de Lost (famoso por ser chileno) con una coronita Burger King o una versión rockera de Alicia en el país de las maravillas.

MacDowell es un prolífico artista que podemos ver en toda su magnitud en su cuenta de Instagram y también en su Flickr, no solo despliega su creatividad sino también su generosidad, ya que ahí nos va dejando una suerte de work in progress de sus piezas gráficas. Así que no duden un momento de seguirlo en este enlace: LINK y convertirse en seguidores.
En su sitio web podrán encontrar más experiencias de su trabajo, así que les dejo el enlace también MacDowellStudio.Como les decía más arriba la gracia del trabajo de MacDowell es su sentido del humor. Pues más allá de que estamos claros de que su técnica es depurada lo que me llamó más la atención fue esa grosera intimidad que logra crear con sus composiciones, las que a la vez que groseras son también burlescas. Por eso me tenté de subir esta nota al Ciudadano, ya que sé perfectamente que ustedes, mis queridos lectores, son bien buenos para buscar cosas raras… o no?

Revisa la selección y disfruta!




Los covers, a mi juicio, son en un 50% pésimos y en un 50% brillantes, es decir, un cara y sello. Anoche fui a ver la obra Amor, locura y muerte: tres cuentos de Horacio Quiroga del colectivo La Patogallina y fue una experiencia maravillosa ya que en lugar de caer en un remix burdo o, peor aún, en una lectura dramatizada de Quiroga, hicieron un trabajo impecable, colorido, agudo y dulce con las historias del gran escritor Uruguayo, uno de los más influyentes en la narrativa hispanoamericana (difícil tarea).

La obra se construye con tres cuentos del conocidísimo libro Cuentos de amor, locura y muerte. Abre con El almohadón de plumas, luego viene El infierno artificial y finaliza con La meningitis y su sombra. El primer detalle llamativo de la propuesta es que incluyeron El infierno artificial, que sólo apareció en la primera edición del libro y que es un cuento en el que se relata la historia de un sepulturero adicto al cloroformo que establece un diálogo con un cadáver que murió por consumir cocaína y que revisita su proceso de muerte junto al sepulturero (suena raro, lo sé). Pero esto le da un plus a la obra, ya que entrega un refresco inesperado para quienes no conocen el cuento e incluso para los lectores más fervientes de Quiroga que, quizá por primera vez, pueden ver dramatizada esta tremenda historia.

Partí este comentario hablando de los covers. Y lo hice porque cuando se toma un texto de forma literal, como en el caso de esta puesta en escena, puede caerse en un cliché e incluso en un abuso de citas o guiños innecesarios o, peor, puede caerse en el rescate a contrapelo y hasta en el homenaje. Pero acá vemos un guión muy amable con el público, que en todo momento va sumando elementos de una manera tan simple que se puede pasar sin dificultad de la risa a la seriedad sin perder el ritmo. El aplauso final de este montaje nace precisamente en esa cohesión de elementos, porque toma un autor bastante conocido y lo pone en ejercicio nuevamente con una apuesta que es sencilla, rápida, amigable y sin pretensiones estéticas innecesarias.

Las actuaciones de Paola MuñozSandra Figueroa Francisco Ramírez Murdoch son una trenza bien hecha. Los tres arman los personajes, las escenas e incluso el clima general de la sala de una manera tan natural que hasta se maquillan frente al público en los intermedios y con ello le dan un ritmo a la obra que, lejos de romperse, se acrecienta. Figueroa y Muñoz tienen la virtud de encarnar personajes múltiples con elasticidad, Ramírez Murdoch por su parte es un eje que en todo momento funciona y le entrega humor, habilidad y dramatismo a las historias hasta desde el clown. Más que un elenco vemos a un equipo que juega con habilidad la labor de hacer bien su trabajo.

Patogallina Style

El colectivo La Patogallina, que hace unas semanas llenó Matucana 100 con la retrospectiva de celebración de sus 18 años de vida, da cuenta en este montaje que tiene una marca registrada que ha sabido perfeccionar para entregar una paleta de colores bien definidos. Actuaciones siempre muy amables, acompañadas de un trabajo de musicalización compenetrada con las obras y con un vestuario muy bien elaborado, hacen una mezcla que aporta con llevar más gente al teatro. Todos estos elementos dan un sello de identidad que uno reconoce y agradece porque en esos detalles es donde el público se queda prendido al trabajo de esta compañía que muestra buena salud y anuncia un camino que sigue dando sorpresas y se proyecta como uno de los espacios creativos y colectivos más interesantes y, ojalá, exportables de Chile.

Si quieren ver una buena obra vayan a verla, se las recomiendo. Si les gusta Quiroga y han leído desde el colegio los cuentos entonces no tengan duda. Lo que van a encontrar es mejor de lo que supone uno antes de llegar y es grato ir al teatro para salir contento de él. Una obra segura como sandía calada.

escrito en El Dínamo

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